La cooperación académica y científica entre Italia y Costa Rica trasciende el mero intercambio técnico para convertirse en un pilar fundamental de las relaciones bilaterales. Debemos interpretar este vínculo no solo como una sucesión de proyectos, sino como una sinergia estratégica entre la tradición académica italiana de siglos de antigüedad y el incomparable laboratorio costarricense, caracterizado no solo por su biodiversidad, sino también por talentos únicos en el mundo.
Este vínculo profundo se ha institucionalizado hoy en el «Día de la Investigación Italiana en el Mundo» (GRIM), que celebramos hoy en Costa Rica y que se celebra cada año en honor a la ganadora del Premio Nobel Rita Levi Montalcini, cuyo legado inspira una colaboración que ha sabido superar las distancias geográficas, transformando el conocimiento en infraestructura institucional.
La cooperación entre Italia y el TEC cuenta con una larga trayectoria, que comenzó en la década de los 70 y se ha consolidado a través de proyectos académicos y científicos de gran impacto tecnológico. Dicha cooperación surgió casi al mismo tiempo que la creación del TEC[1].
Los tres pilares académicos de la cooperación científica italiana con el TEC de Cartago han sido la metalurgia, el diseño industrial y la agricultura.